1. Acciones previas a
una salida o relevamiento de campo
Lo primero que
el naturalista o investigador debe plantearse es el objetivo
de la salida
o relevamiento de campo. En otras palabras: ¿con qué finalidad
se encara el viaje?. Por ejemplo: ¿para relevar o
inventariar su riqueza biológica?, ¿para avistar
a una especie o grupo de especies en particular?, ¿para
conocer su estado de conservación?, ¿para establecer
normas de manejo?, ¿para definir áreas o planes
de trabajo futuros?
Lo segundo y
teniendo presente ese objetivo, deberá analizar qué metodología
es conveniente aplicar y cuántas personas son necesarias
para llevarla adelante. En este punto se abren muchísimas
posibilidades, pero todas requieren de una organización,
para pautar cómo se invertirá el tiempo, qué función
y responsabilidad asumirá cada integrante, quien tomará las
decisiones y quien tendrá también la última
palabra. Para todo esto se requiere de un presupuesto económico
y de una inversión de tiempo, personal y apoyo logístico
(movilidad, por ejemplo). Además, antes de encarar
el viaje es correcto notificar a la Dirección de Fauna
o de Recursos Naturales de la Provincia a visitar sobre nuestras
intenciones. Si se visitará un área protegida
por esa provincia, además, habrá que solicitar
una autorización. Si el área natural está dentro
de un parque o reserva nacional deberá solicitarse
a la Administración de Parques Nacionales.
Siempre es conveniente
relevar primero la bibliografía y luego el campo. Sólo
así se podrá aprovechar y ganar tiempo. Libros,
artículos periodísticos, entrevistas con otras
personas que conozcan el lugar, videos, mapas y fotos serán útiles
para familiarizarse antes con lo que vamos a ver.
2. Equipo
para efectuar observaciones y reconocimiento de fauna (con énfasis
en las aves)
Aunque casi todos
los comentarios o sugerencias que siguen ponen foco en las
aves silvestres,
pueden aplicarse también a mamíferos.
La indumentaria: no
es necesario disfrazarse de soldado camuflado para observar
fauna, pero sí tener en cuenta la elección
de ropa con colores poco llamativos, cómoda y resistente.
Debemos considerar que algunos grupos como las aves tienen
muy bien desarrollada la vista. Por ello, los colores rojos,
azules o "eléctricos" pueden ahuyentarlas
o al menos advertirles nuestra presencia. Lo mejor es usar
colores naturales (marrones, grises, verdes). En lo que respecta
al calzado, debe ser cómodo y -si no es resistente
al agua- conviene llevar un segundo par de repuesto.
Los binoculares
o prismáticos: son
casi imprescindibles para poder observar más y mejor.
Los hay variados en peso, forma, tamaño y medidas
de las lentes. Notaremos que tienen medidas, como "8
x 30", "10 x 50" u otras. El primer número
señala la cantidad de aumentos (cuántas veces
más grande vemos al objeto). El segundo indica el
diámetro de las lentes. Cuanto mayor sea, más
luminoso es el prismático. Ésto no debe engañarnos,
porque en una rápida evaluación podríamos
elegir los más potentes y luminosos. Pero éstos
tienen una desventaja: la distancia mínima de enfoque
suele ser muy grande y el pulso deberá ser más
firme. Es decir que si tenemos a un ave próxima a
nosotros, no podremos enfocarla y seguramente tendremos que
alejarnos para ponerla en foco con nitidez. Por regla general,
se recomienda un largavistas con medidas cercanas a "8
x 30", que es intermedio. Para lugares abiertos (estepas,
pastizales, desiertos, lagunas) son preferibles los más
potentes ("12 x 50", por ejemplo), mientras que
para lugares con vegetación más densa (bosques,
selvas y matorrales) son aconsejables aquellos que permiten
poner foco a corta distancia, aunque el aumento no sea muy
importante (ej.: "7 x 25"). Por esta razón,
las medidas intermedias, como "8 x 30" permiten
un uso más "elástico".
Libreta de notas: la
primer pregunta que debemos respondernos es ¿qué?
y ¿para qué vamos a observar? Uno puede desear
salir al campo, simplemente mirar pájaros, aunque
ni siquiera le interese saber como se llaman. En este caso,
tomaremos a las aves como centro de los comentarios, por
tratarse del grupo zoológico con mayor adeptos. En
otras ocasiones habrá interesados con otro tipo de
aspiraciones, incluso, científicas. Una libreta de
anotaciones para el campo puede ser útil en cualquiera
de todos estos casos porque permitirá plasmar recuerdos,
momentos gratos, datos útiles, descripciones, anécdotas
y observaciones de interés biológico o conservacionista.
Todo depende del observador y de su interés. Para
aquellos que tengan inclinaciones ornitológicas, es
importante anotar: fecha, lugar, hábitat, estado del
clima y las especies observadas. Cuando se detecte un ave
que hasta el momento nunca había conocido "en
vivo y en directo" es útil tomar nota de su descripción
y comportamiento. Ésto no sólo permitirá corroborar
su identidad cuando se consulte la guía de campo de
aves, sino que nos será más fácil recordarla.
Para facilitar o agilizar la toma de notas, a veces, los
dibujos esquemáticos pueden ser muy útiles.
Para cualquier descripción es aconsejable prestar
atención a: silueta, tamaño, color y conducta
del ave, ¿a cuál se parece de las que ya conocemos?, ¿cómo
es el pico?, ¿cómo se para?, ¿qué actitud
tiene?. En fin, cuanto mayor es la información, mayor
será la posibilidad de identificarla y aportar nuevos
datos sobre su vida o historia natural. Existe lo que se
llama la topografía o toponimia del ave, o sea el
nombre de las distintas partes de su cuerpo (ver hoja adjunta).
Recordarlos ahorrará tiempo. No es lo mismo decir
o escribir "remeras primarias" que "las primeras
plumas del ala" o "ceja" que "una línea
que pasa sobre el ojo".
Guías
de campo: es
un elemento indispensable de consulta, aunque es materia
opinable si conviene o no tenerla a mano en todo momento.
Muchas veces, cuando se sale a observar con la guía
bajo el brazo, por comodidad, no se toman notas ni descripciones
y se apuesta a la memoria para recorrer dibujos y encontrar
lo más parecido a ese recuerdo. Ésto no es
lo más aconsejable y menos aún cuando se está iniciando
en la observación. Ningún recuerdo sustituye
a una descripción, aunque luego de tomar los datos
uno vaya recordando más cosas. Puede ser aconsejable
tener la guía a mano en la salida pero como herramienta
para cotejar nuestros datos. En cuanto a la guía indicada
(cuando hay posibilidad de elección), la más útil
será aquella con la que mejor nos entendamos y la
que mejor se adapte a nuestro lugar de observación.
Cuanto más local sea, mejor, porque facilitará el
reconocimiento de las aves de esa localidad, provincia o
región. ¿Para qué tener –por ejemplo-
una guía de aves de toda la Argentina si vivimos en
Córdoba o Tierra del Fuego, por ejemplo? Pero si somos
viajeros, la cosa es distinta. Esas guías provinciales
o regionales ya no nos serán tan útiles y nos
convendrá disponer de una más completa con
todas las aves del país.
3. Instrumentos
para capturar animales (con énfasis en los mamíferos)
A diferencia
de lo que suele suceder con la enorme mayoría de las aves, el avistaje
directo de mamíferos suele ser excepcional. Distintas
razones avalan esta dificultad:
· Hábitos
nocturnos o crepusculares
· Refugios o hábitat adverso para la observación
· Mimetismo
· Tamaño pequeño (ej.: roedores)
· Complejidad para reconocer a simple vista (ej.: murciélagos)
· Temor al hombre
Ese breve diagnóstico,
casi obliga a efectuar capturas o colectas para relevar la
mastofauna (fauna de mamíferos). En ambos casos, siempre
se debe requerir el permiso escrito de las autoridades gubernamentales
(por lo general, la Dirección de Fauna local). De
lo contrario, se incurrirá en un ilícito. Ilícito
que todos debemos evitar. Por otra parte, una cosa es capturar
y otra colectar. La colección (muerte del animal)
siempre debe tener un justificativo real y valedero, dado
que existen muchas alternativas para obtener información
de un modo que no implique la muerte de un ser vivo. La captura
(viva) es una alternativa que también requiere cuidado,
capacitación, entrenamiento o experiencia, porque
mal hecha lleva a la muerte inútil de animales.
Comúnmente, la captura
es aprovechada para la toma de datos específicos a
nivel de ejemplar, como peso y medidas corporales. También,
la ocasión es aprovechada para efectuar marcados o
colocación de identificaciones de los individuos.
Esto es de sumo valor para, por ejemplo, conocer (mediante
recapturas):
· longevidad
· cambios morfométricos (por crecimiento, peso, por ejemplo)
· cambios de coloración (en el caso de las aves, recordemos que
existen plumajes “reproductivos” o “de reposo sexual”)
· rutas migratorias (paradas, nociones de su velocidad de desplazamiento
o duración de su migración, etc.).
· abundancia
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Material
o instrumento
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Utilidad
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Pinzas
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Invertebrados
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Redes
de mano
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Invertebrados,
peces y anfibios
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Redes
de malla o mallón
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Peces
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Redes
de neblina
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Captura
de aves y/o murciélagos
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Redes
de neblina
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Captura
de aves y/o murciélagos
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Trampas-jaula
(con cebo)
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Captura
de micromamíferos
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Trampas-shermann
(con cebo)
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Captura
de micromamíferos (en especial, roedores)
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Rifle
hipodérmico
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Captura –con
anestesia- de animales estresables o peligrosos a mediana
o larga distancia
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Servatanas
lanza-tranquilizantes
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Captura –con
anestesia- de animales a media o corta distancia
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Reflectores
y linternas
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Asistencia
para la captura o avistaje de anfibios, aves y mamíferos
de noche.
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Complementariamente,
la identificación
de huellas es muy útil. En aquellos casos que se encuentre
una de especie no reconocida, la huella puede ser calcada
con yeso. La tarea es sencilla y sólo requiere de
yeso en polvo, agua, un recipiente donde realizar la mezcla
y cartón para enmarcar la huella y derramar el yeso
semi-cremoso sobre la misma. Así, en 20 minutos se
toma una muestra.
4. Técnicas
de reconocimiento de plantas
El caso de las plantas es distinto.
Por lo general, quien trabaja con fauna no trabaja con plantas,
al menos, no lo hace al mismo tiempo.
El relevamiento
o reconocimiento de plantas requiere de otra estrategia.
La recorrida por
distintos tipos de hábitats y terrenos. Cuando los
conocimientos son limitados, el ojo prestará atención
primordial a flores y frutos, dado que son estos los que
permitirán reconocer a una especie de otra. Es más,
si es necesario realizar un herbario, sólo tiene verdadero
sentido colectar fragmentos de plantas con flor o fruto.
El herbario requiere de un esfuerzo considerable de tiempo,
esfuerzo físico, paciencia y disciplina. Diariamente
es importante renovar el papel de diario en el que se prensan
las plantas, para evitar que la humedad (que conservan) termine
deteriorándolas. Además, cada ejemplar colectado
requiere de una ficha técnica que identifique su localidad,
ubicación, hábitat y toda observación
que se estime pertinente. Si no hay garantías de mantener
esta disciplina, la herborización debe desestimarse.
Por lo general, los botánicos colectan varios ejemplares
de una misma especie, pero –en todos los casos- sólo
cuando se justifique por representar un valor testimonial
irremplazable.
Más tarde, el trabajo
de gabinete demandará la consulta de claves, guías
o manuales para reconocer o identificar el “material” colectado.
Siempre es aconsejable que la colección finalmente
sea donada y depositada en la de un museo o instituto oficial.
Sólo así se optimiza y perpetúa el esfuerzo
del colector.
5. Recomendaciones generales
para el trabajo en el campo
Para salir a
observar fauna es conveniente comenzar al amanecer o al atardecer,
dado que
son los momentos en que los animales despliegan mayor actividad
y en que hay más posibilidades de detectarlas y ver
como viven. De todos modos, conviene realizar caminatas o
recorridas nocturnas de modo complementario, con el apoyo
de linternas o reflectores. Algunos lugares interesantes
para relevar –por su riqueza de especies- son lagunas,
costas con vegetación, campings, basurales, charcas
temporarias en época de seca y plantas con abundantes
flores, frutos o semillas.
Al momento de
iniciar una caminata, conviene seleccionar un circuito que
permita tener el sol
a nuestra espalda. Tenerlo de frente molestará nuestra
vista y dificultará la identificación de la
fauna o flora a contraluz. Si vamos acompañados, con
dos o tres personas está bien. Un número mayor
puede ser más entretenido, pero menos eficaz. Si hace
calor y hay insectos, podrán agradecer que les recuerde
llevar repelente. Conviene ir en silencio, dado que nuestras
voces permitirán a la fauna advertir nuestra presencia
y esconderse o huir (actitudes comprensibles si consideramos
que no todos sabemos comportarnos civilizadamente con ella).
Si se quiere
indicar la posición
de un ave sobre un árbol, por ejemplo, puede sugerir
que se imagine un reloj con agujas y que el pájaro
está posado "a las 3". Esto suele ser mejor
que decir, “¿no lo ves? ¡Está ahí!,
al lado de esa ramita”. Pero, usualmente, hay tantas
ramitas que hasta que se ubica la que es objeto de atención,
el animal ya no está. Otro aspecto interesante a tener
en cuenta es lo que se conoce como la “distancia de
fuga”. Cuando tratamos de acercarnos a un ave, ella
permitirá o aceptará nuestra cercanía
hasta un límite en centímetros o metros. Si
lo traspasamos, sin dudas, se alejará. Y, si repetimos
el intento, cuando alcancemos la misma distancia a la cual
huyó antes, se retirará de nuevo, pero cada
vez más lejos, porque lo tomará como una amenaza.
Por eso, tampoco es recomendable acercarse en línea
recta. Queda claro, entonces, que si huyó de nosotros
una vez e insistimos con aproximamos de nuevo, casi seguro,
se mostrará más desconfiada. Avancemos en zigzag,
simulando desinterés.
Básicamente, tenemos dos
formas de observar aves: salimos en su búsqueda o
nos ocultamos a esperarlas, como cazadores. Los dos métodos
ofrecen ventajas y desventajas y en una misma salida pueden
aplicarse ambos. Si nos interesa observar aves de una familia
en particular (ej.: rapaces o patos) buscarlas con exclusividad
será más efectivo que ir mirando todas las
aves que se crucen en nuestro camino. Cuando escuchemos aves
que no se dejan ver o que están ocultas, imitemos
sus voces, porque tendremos más posibilidades de atraer
su curiosidad y, así, verlas. Si imitarlas es complicado,
podemos intentar con una serie de suaves y repetidos “psí-psí-psí-psí...”.
En algunas ocasiones, este tipo de vocecitas recuerda el
llamado de pichones o juveniles y logra llamar la atención
de las aves adultas. En mi opinión, este tipo de imitaciones
permiten obtener mejores resultados que con el empleo de
llamadores o silbatos.
Los amantes de
la fotografía
pronto tendrán un dilema: ¿se puede observar
y fotografiar al mismo tiempo? Como poder, se puede, pero
las dos cosas no se pueden hacer bien. Deberemos escoger
qué es lo que más nos interesa.
Si se desea ingresar
a una propiedad privada, solicitemos autorización. Si explicamos nuestras
intenciones, difícilmente nos nieguen el permiso.
En tal caso, seamos respetuosos y limitémonos a hacer
lo que dijimos que íbamos a hacer. Siempre será valorado
un comentario de nuestra experiencia o la copia de una lista
de las aves observadas a los propietarios o puesteros del
lugar. También será muy enriquecedor conversar
con ellos y conocer su experiencia o sus apreciaciones sobre
la naturaleza. Tampoco faltará oportunidad para conocer
los nombres con que llaman a las distintas especies. Así,
podremos recopilar muchos y lindos nombres criollos o locales
que muchas veces se pierden en el olvido. En este sentido,
los chicos son excelentes fuentes de información.
La entrevista
con el poblador local siempre es un recurso interesante para
conocer el patrimonio
natural y cultural de un lugar, pero que debe ser manejado
con cuidado, para no “contaminarlo” culturalmente.
Para ello, se sugiere:
· seleccionar a un entrevistado
· explicarle el por qué y la utilidad que tendrá su testimonio
· preguntar con humildad y sin agobiar
· no inducir o conducir sus respuestas (dado que, muchas veces, responderá lo
que se desea escuchar, para no decepcionar)
· probar su grado de certeza (con alguna repregunta especializada o concreta,
cuya respuesta sea inequívoca y nos esclarezca qué tan buen o veraz
observador es)
· agradecer su colaboración y explicitarla en el informe del viaje
(si lo hubiere)
A
modo de decálogo
del buen observador
1. Nunca lo sabremos
todo, pero con dedicación, cada vez sabremos más.
2. Dejemos que
todo transcurra naturalmente, como si no estuviéramos.
3. Evitemos actos
de depredación
de otras personas (educando o explicando con comprensión).
4. Dejemos todo
igual o mejor que como estaba a nuestro paso, como nos lo
enseñó Gerald
Durrell.
5. Salgamos con
humildad y regresemos con satisfacción.
6. Compartamos
las enseñanzas
de la naturaleza y la de nuestros maestros.
7. Pensemos previamente en llevar
lo que necesitaremos, para no molestar a nadie.
8. No prometamos a la gente de
campo nada que no podamos cumplir.
9. Un naturalista es atento con
la naturaleza y con las personas.
10. Hay que tener
sentido común
y un buen corazón.
Lo importante es disfrutar civilizadamente
de la naturaleza. Con práctica y tiempo, la experiencia
nos permitirá ir reconociendo cada vez más
especies y no sólo sabremos sus nombres, sino su historia
natural y los problemas que algunas enfrentan para sobrevivir.
El primer paso para conservar es conocer. Y, conociendo,
todos podemos hacer algo por el patrimonio natural de nuestro
país.
(*1)
Agradecemos al Sr. Claudio Bertonatti, naturalista y museólogo.
Coordinador del Depto. Información y Educación
Ambiental de la
Fundación Vida Silvestre Argentina por la información
suministrada.
PROHIBIDA
SU REPRODUCCION TOTAL O PARCIAL SIN AUTORIZACION DEL AUTOR