Las tormentas eléctricas y los rayos son
fenómenos meteorológicos de gran espectacularidad
y sumamente peligrosos. Para poder fotografiarlos tendremos
que superar varios inconvenientes, desde encontrar las
nubes de tormenta hasta soportar las inclemencias de tiempo
severo que suelen acompañarlas: lluvias torrenciales,
fuertes vientos o granizo. Si a esto le añadimos
miles de kilómetros en coche al año y el
inherente riesgo que entraña acercarse a los rayos,
tenemos una afición que podría etiquetarse
como locura. La mayoría de intentos de fotografiar
rayos serán en vano, pero con constancia y tenacidad
lo lograremos. Veamos como podemos fotografiar estos fenómenos
con una mayor eficacia y seguridad.

Un cumulonimbo se ilumina en la noche debido a su gran
actividad eléctrica.
Canon EOS 350D, zoom Canon EF 17-40 mm f/4, 133 sg a f/4,
100 ISO, trípode y cable disparador.
Recopilando
información
Aunque se
pueden fotografiar tormentas eléctricas durante
todo el año, podríamos decir que la época
estival es la mas propicia debido a la mayor insolación
que recibimos en esa época, los episodios suelen
ser más virulentos y habituales que en otras estaciones.
Fuera de la temporada alta encontraremos mayores dificultades
para tomar instantáneas, pues las escasas tormentas
suelen ir acompañadas de frentes nubosos que cubren
el cielo y además las lluvias son más generalizadas,
dificultando nuestra labor.
El primer
paso que debemos dar para fotografiar tormentas es recabar
la máxima información de dónde y
cuándo se van a producir. Y no solo acumular todos
los datos meteorológicos posibles, sino también
efectuar una correcta interpretación de ellos para
optimizar nuestras salidas. No obstante, tendremos que
acostumbrarnos a una mayoría de “cacerías”
en blanco y después de haber recorrido muchas decenas
de kilómetros, volver a casa sin una sola foto
interesante. Por esto, se debe salir de “caza”
en cada buena oportunidad que se nos presente y ser tenaces
en nuestro empeño.
Comenzaremos informándonos, a medio y corto plazo,
con los pronósticos del tiempo. Internet ofrece
acceso a estas predicciones y podemos consultar, además,
modelos de predicción de lluvias, temperaturas
o viento, que nos ayudarán en esta fase inicial.
Como últimas
herramientas, y quizás las más importantes,
sería contar con mapas de satélites y el
de rayos. Estos dos tipos de mapas nos informan, con una
breve demora en el tiempo, donde están creciendo
y aconteciendo realmente las tormentas.
Toda esta
información será de menor relevancia cuando
tengamos las tormentas en nuestro radio de visión
desde casa, pues ya las tendremos localizadas sin necesidad
de la ayuda de estos últimos mapas.

La
persecución
Una vez
tenemos localizada nuestra tormenta desde casa, es hora
de salir a por ella e intentar cazar sus nubes y rayos.
El coche es el vehículo más adecuado para
realizar nuestra persecución, ya que en ocasiones
tendremos que soportar fuertes vientos y lluvias, incluso
granizo. El proceso de perseguir una tormenta se puede
alargar durante varias horas y muchos kilómetros,
dependiendo del momento del día que escojamos para
empezar la aproximación, la distancia inicial que
nos separe de la tormenta y su desplazamiento. Para nuestro
acercamiento inicial a la tormenta (hasta que la detectemos
visualmente) circularemos, como norma general, por autopistas
y carreteras principales. De esta manera, tardaremos el
mínimo tiempo posible en llegar hasta ella. Evitaremos
las carreteras secundarias ya que en muchas ocasiones
nos retrasarán en exceso para alcanzar a tiempo
nuestro destino. Es conveniente viajar acompañado.
Si
disponemos de una computadora portátil con conexión
a Internet vía satélite, podremos seguir
la evolución de los núcleos tormentosos.
Los mapas de los satélites y el mapa de rayos se
suelen actualizar cada hora. En el caso de no tener un
portátil con este tipo de conexión, siempre
podemos ayudarnos con alguna persona que desde su casa
acceda a los mapas y nos vaya enviando la información
a nuestro teléfono celular. Incluso mejor, estar
en contacto con otros cazadores de tormentas que hayan
salido por la zona. Si no contamos con este apoyo, nos
arriesgamos a perder nuestras tormentas si han desaparecido
o se han desplazado a otra zona. Pero si todo ha ido bien,
y hasta el factor incontrolable de la suerte se alía
con nosotros, tendremos a la vista a nuestros protagonistas.
Si es de
día y no hay mucha nubosidad de tipo medio y bajo,
podremos observar las típicas nubes de tormenta,
los cumulonimbos. Este tipo de nubes se caracteriza por
su rápido crecimiento vertical, fruto de fuertes
corrientes ascendentes de aire. Son fácilmente
reconocibles debido su gran desarrollo vertical, pudiendo
alcanzar más de 10 Km de altitud.
De noche
no veremos los cumulonimbos, pero sí los rayos
que se originan y que los delatan. Tanto si es de día
como de noche, para realizar nuestra aproximación
final con el vehículo, utilizaremos la brújula
y el mapa para determinar donde se localiza la tormenta
y que camino vamos a tomar para tener un buen ángulo
de disparo.

La
verdadera captura
Si hemos
conseguido llegar al punto de disponernos a fotografiar,
podemos considerarnos afortunados. Hemos superado la fase
más complicada y lo que resta es más sencillo,
aunque ciertamente más peligroso.
Para fotografiar
cumulonimbos intentaremos buscar un ángulo de visión
en el cual no se interpongan otras nubes por medio. En
el caso que tengamos nubes entre nosotros y las nubes
de tormenta, nos fijaremos bien en la dirección
y velocidad de su desplazamiento para decidir si esperamos
a que nos dejen una visión libre de los cumulonimbos,
o bien, nos desplazamos a otro lugar. En las horas centrales
del día utilizaremos el filtro polarizador e intentaremos
situarnos con el sol a nuestras espaldas. De esta manera,
obtendremos fotos de las nubes bien iluminadas y con pocas
zonas en sombra. Las mejores luces del día son
los amaneceres y atardeceres, en esos momentos los cumulonimbos
reciben luces suaves y muchas veces se tiñen de
color.

El desarrollo vertical de los cumulonimbos puede ser espectacular,
pudiendo alcanzar más de 10 km de altura.
Canon Eos 500N, zoom Canon 17-40 mm f/4 L, Fuji Velvia
50, trípode y cable disparador.
La guinda
de todo este proceso la ponen, sin duda, los rayos. Fotografiarlos
de día es una tarea muy complicada y los resultados
suelen ser menos estéticos que hacerlo de noche.
Si nos fijamos, las tormentas suelen tener zonas eléctricamente
más activas que otras. Observando donde descargan
los rayos con mayor frecuencia, podremos definir nuestro
encuadre, utilizando desde angulares hasta teleobjetivos.
El material
que necesitaremos comprenderá una cámara
con posición “B” o bulb, objetivos
de varias focales, trípode y cable disparador.
También se puede utilizar una segunda cámara
con su respectivo trípode y cable disparador para
obtener otros encuadres al mismo tiempo.
Se suele
trabajar con sensibilidad 100 ISO, aunque opcionalmente
podemos utilizar 50 ISO con las nubes de día. La
elección del diafragma y la velocidad de obturación
dependerán de varios factores. La contaminación
lumínica de ciudades o pueblos crea tonalidades
poco naturales sobre todo en las nubes, acentuándose
al aumentar los tiempos de exposición y también
cuanto más abierto tengamos el diafragma. La visibilidad
que tengamos hasta los rayos se reduce en algunos casos
en los que la atmósfera no está suficientemente
limpia y en estos casos deberemos utilizar diafragmas
más abiertos. Por último, la distancia que
nos separe de las descargas eléctricas también
influirá en el diafragma a emplear. La precisión
de los valores correctos de exposición va mejorando
con la experiencia y necesitaremos ir afinándola
con el tiempo.

A continuación
les muestro algunos ejemplos y valores aproximados, todos
para rayos nocturnos y con sensibilidad 100 ISO:
Sin ningún
tipo de iluminación artificial: la exposición
se puede alargar muchos minutos, si tenemos cielo visible
obtendremos los trazos de las estrellas en nuestra foto.
Si la tormenta está lejos (más de 2 Km),
el diafragma más cerrado a utilizar será
de f5.6, mientras que utilizaremos f8 o superiores cuanto
más cerca estemos de los rayos.
Con iluminación
artificial proveniente de ciudades o pueblos: Las tormentas
lejanas necesitan diafragmas entre f2.8 y f5.6, mientras
que la exposición no debería superar los
15 ó 20 segundos. En el caso de tormentas cercanas,
podemos cerrar algo más el diafragma, entre f8
y f13, alargando hasta los 30 segundos la exposición.
En la práctica,
la cámara se sitúa sobre el trípode,
en posición “B” y con el enfoque al
infinito. Realizamos el disparo y cuando tengamos uno
o varios rayos en nuestra foto, cortamos el disparo. Tan
sencillo como eso. Si tenemos que elegir un enfoque menor
a infinito o necesitar un objetivo menor de 28mm para
llenar el encuadre con los rayos, estaremos quizás
tan cerca de ellos que corremos grandes riesgos.

Tres rayos contactan tierra en Teruel, una de las provincias
con mayor frecuencia de tormentas eléctricas de
nuestro país.
Canon Eos 500N, zoom Canon 28-80 mm f/4-5’6, 30
sg a f/11, Kodak Elite 100, trípode y cable disparador.
Por
nuestra seguridad
Fotografiar
tormentas eléctricas puede ser una actividad excitante
y apasionante, aunque también tremendamente peligrosa.
La probabilidad de que un rayo nos alcance en condiciones
normales es mínima, pero cuando perseguimos y fotografiamos
tormentas eléctricas estamos aumentando enormemente
la probabilidad de convertirnos en “cazador cazado”.
Hay que tener gran respeto a estos fenómenos tan
poderosos y peligrosos que, lamentablemente, todos los
años se cobra varias vidas humanas en todo el mundo.
Por ello, deberemos ser muy cautos y poner un límite
a nuestras acciones y método cuando estamos al
alcance de los rayos. Hay que tener en cuenta que un rayo
nos podría alcanzar aún situándonos
a más de 15 Km de su origen. Los rayos pueden alcanzar
temperaturas de más de 25000 ºC y son capaces
de averiar cualquier tipo de aparato electrónico,
fundir cualquier material, matar animales, personas y
literalmente, hacer explotar la corteza de un árbol
debido a la vaporización instantánea de
su savia.
Cuando estemos
fuera de casa o del coche fotografiando, debemos alejarnos
de torres de alta tensión, postes eléctricos,
vallas metálicas y árboles grandes o aislados.
En caso de lluvia, es preferible no usar paraguas, pondremos
una protección a nuestra cámara y objetivo,
utilizando el parasol del objetivo para evitar las gotitas
de lluvia en la lente. Evitaremos llevar el móvil
fuera del coche, y mucho menos, utilizarlo. Tampoco llevaremos
con nosotros objetos metálicos excepto los que
sean imprescindibles. Siempre que estemos al alcance de
los rayos, cuanta menor altura tenga la cámara
sobre el trípode, mucho mejor. No obstante, siempre
que detectemos la mínima sensación de estar
en riesgo, debemos entrar en el coche o casa. En el coche,
hay que tener precaución con los barrancos y cursos
de agua, ya que las lluvias pueden ser torrenciales.

Los rayos
no siempre contactan en tierra con los objetos más
altos, recientes estudios han demostrado que si dos objetos
de diferente altura están separados por una determinada
distancia, el rayo puede caer con igual probabilidad en
cualquiera de los dos. No obstante, los objetos más
altos, metálicos, puntiagudos y aislados atraen
con mejor eficacia que ningún otro a los rayos.
En las zonas urbanas, los pararrayos son los encargados
de contactar los rayos con el suelo para evitar daños
a edificios y personas. En la naturaleza, alejados de
esta protección, los rayos descargan sobre cualquier
objeto en tierra que sea capaz de establecer un “puente
iónico” suficientemente fuerte con la nube.
El interior de un coche o una casa son los lugares más
seguros para protegerse de una descarga eléctrica,
siempre que tengamos las ventanas y puertas cerradas (las
corrientes de aire favorecen el desplazamiento de los
rayos) y nos alejemos de todo material metálico
que pudiera conducir el rayo hasta nosotros. No obstante,
aún siendo los mejores lugares para guarecerse,
no son completamente seguros.
Documentación
Conocer
los mecanismos por los cuales se forman y desarrollan
las tormentas no es imprescindible para poder fotografiarlas.
Sin embargo, nos ayudará a interpretar correctamente
que estamos viendo en nuestras salidas y fotografías.
Una buena opción es incluir las estrellas en nuestras
fotos, sobre todo si hemos perdido la posibilidad de acercarnos
más a la tormenta.
Canon
Eos 500N, zoom Canon 17-40 mm f/4 L, 45 minutos a f/4,
Fuji Velvia 100, trípode y cable disparador.
A
grandes rasgos, una tormenta se origina cuando columnas
de aire cálido y húmedo ascienden por la
atmósfera. Cuando estas corrientes llegan a cierta
altura, encuentran temperaturas y presiones que condensan
la humedad en forma de vapor de agua y crean nubes del
tipo cúmulo. Si este flujo ascendente continúa,
el vapor de agua llega a capas de la atmósfera,
con temperaturas tan bajas como para formar partículas
sólidas, llamadas hidrometeoros. Estas partículas
comienzan a chocar entre ellas debido a las fuertes corrientes
de aire que existen en el interior de un cúmulo
en crecimiento. Los choques cargan las partículas
con signo positivo o negativo según su tamaño
y las cargas se van agrupando en grandes celdas de igual
signo dentro de la nube. Normalmente, las cargas negativas
se agrupan en la parte inferior de la nube, mientras que
en la parte superior se sitúan las cargas positivas.
Las cargas negativas, a su vez, inducen un flujo de cargas
positivas provenientes de todos los objetos terrestres
que están situadas bajo ellas. Por tanto, se genera
un gran potencial eléctrico entre cargas de diferente
signo. Cuando las caóticas condiciones reinantes
en la nube no soportan estas diferencias, se produce el
rayo.
Los rayos
pueden producirse de nube a nube, dentro de la misma nube,
de la nube a tierra o de tierra a la nube, siendo estos
últimos los menos frecuentes. La altísima
temperatura del rayo calienta el aire que lo rodea generando
una onda expansiva, cuyo sonido conocemos como trueno.
Los cumulonimbos van modificando su morfología
según evolucionan y reciben diferentes nombres
para determinar su estado evolutivo.

Recuerde
que su seguridad está por encima de cualquier fotografía.
Existen numerosos artículos y manuales en Internet
acerca de las medidas de seguridad ante el tiempo severo,
y en especial los rayos, de obligada lectura si queremos
fotografiar tormentas eléctricas. Por último,
les traduzco una frase de Chuck Doswell, un experto en
fotografiar tiempo severo: “Cazar tormentas puede
ser peligroso; no recomiendo a nadie que lo intente como
si se tratara simplemente de una broma o que lo haga de
forma despreocupada. De hecho, mi recomendación
es que no lo intentéis de ninguna manera.”
©
Juanvi Carrasco / NS
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ESTE ARTICULO
PERTENECE A LA REVISTA "NATURALEZA SALVAJE"