La
fotografía premiada con el Wildlife Photographer of the
Year 2009 ha sido descalificada tras probarse que incumplía
las normas del concurso y que el fotógrafo español
Jose Luis Rodriguez había engañado al jurado con
una imagen de un lobo entrenado y cautivo.
Hace
apenas un par de días, sucedió lo previsible.
Aquello que algunos, los más comprometidos, venían
denunciando hace años. Y es que no es la primera vez
que los hechos en sí mismo se repiten.
Sin
embargo, esta vez han tomado un matiz impensable, en forma de
repercusión internacional. El escándalo ha llegado
en mayúsculas, tal vez para enseñarnos a todos
que la línea entre la verdad y la mentira se puede cruzar,
pero a un precio altísimo. La pérdida de la credibilidad
de nuestro trabajo como fotógrafos de la naturaleza.
El
Wildlife Photographer of the Year, el concurso de fotografía
de la naturaleza más importante del mundo, organizado
por la BBC y el Museo de Historia Natural de Londres, ha descalificado
a su “Fotógrafo del año”, el español
José Luís Rodríguez. La fotografía
por la que fue galardonado, un lobo ibérico saltando
una valla, ha resultado ser la imagen de un ejemplar cautivo
y entrenado, conocido por la mayoría de fotógrafos
profesionales de la naturaleza en España.

La
foto motivo de la descalificació por tratarse de un lobo
ibérico entrenado y cautivo.
Foto: Jose Luís Rodríguez.
Y
sin duda, ha debido ser una decisión muy difícil.
Difícil para el concurso; porque descalificar a posteriori
su fotografía estrella (sólo un fotógrafo
por año se lleva este preciadísimo galardón)
supone asumir un fallo de organización o en el filtro
de fotografías veraces o no. Y porque además,
decenas de miles del tradicional portfolio que cada año
se imprime y distribuye en todo el mundo con las mejores fotos
del año, llevan impresa esta fotografía, sin olvidar
la exposición de gran formato que ya está recorriendo
varios países del planeta. Y difícil de asumir
por el fotógrafo, que no ha podido dar pruebas contra
las muchas evidencias que lo señalaban. De la cumbre
al fondo, en un par de semanas.
En
España y en el mundo ya había varios antecedentes.
En Estados Unidos, un reportaje de osos panda en cautividad
acompañados de unos textos engañosos, provocaron
que saltara el escándalo y que la importante revista
en cuestión desapareciera debido a que miles de suscriptores
se dieron de baja. Y en España, un reconocido fotógrafo
publicó una imagen de un oso pardo ibérico describiendo
el gran esfuerzo que dedicó –tras días de
espera en un escondite-. No tardó en evidenciarse lo
que era un secreto a voces, que el oso estaba fotografiado,
sin ningún esfuerzo, en un centro de cautividad perteneciente
a una Fundación para la protección del oso pardo
ibérico. Sin duda, en ambos casos, los fotógrafos
han quedado señalados de por vida con el estigma de la
mentira.
Multitud
de códigos éticos, de artículos y de libros
han reflexionado acerca de la fotografía de fauna en
cautividad. Sin embargo, en el panorama mundial tal vez quien
está estableciendo unas mejores bases al respecto es
la ILCP (International League of Conservation Photographers),
que canaliza el trabajo de algunos de los fotógrafos
más prestigiosos del mundo para que sus imágenes
sean poderosos instrumentos de conservación.
LA ILCP
¿Alguien
duda todavía, a esta alturas, de la fuerza que tiene
la fotografía como herramienta para la protección
del patrimonio natural? Más allá de la simple
seducción que la fotografía produce sobre el espectador,
nuestras imágenes de la naturaleza usadas como parte
de una estrategia bien planificada, y al lado de otros poderosos
instrumentos como la difusión o un trasfondo científico,
la fotografía de la naturaleza es una de las claves que
ayudan a conservar mejor las especies y los ecosistemas.
De
ello se dieron cuenta un pequeño pero hábil grupo
de fotógrafos, liderados por Cristina Mittermeier, fotógrafa
y directora ejecutiva de la entidad conservacionista Conservation
International. A partir de ese momento empezó a gestarse
la Liga Internacional de Fotógrafos Conservacionistas
(ILCP, por sus siglas en inglés). El lanzamiento oficial
de la Liga se produjo durante el 8º Congreso Mundial de
Áreas Silvestres celebrado en Anchorage, Alaska.

Fotografía de un oso pardo ibérico
cautivo tomada en las instalaciones de una fundación
y que perfectamente puede pasar como un oso en libertad.
Foto: Iñaki Relanzón
De
eso hace tan sólo 6 años, pero la Liga ya cuenta
con colaboradores tan influyentes como National Geographic,
la agencia Nature Picuture Library o Conservation International,
entre otros muchos. Y más allá de ser un escaparate,
la liga tiene una actividad frenética, con resultados
tan inmediatos como de altísima calidad y valor en su
objetivo: la protección de la naturaleza a través
de la fotografía.
¿Qué fotógrafos forman parte de
la ILCP?
Los
miembros de la Liga son fotógrafos que, al margen de
su prestigio y trabajo, han apostado tradicionalmente por conseguir
que sus imágenes no fueran sencillamente eso. Los fotógrafos
de la ILCP tratan de contar historias y de cambiar la mentalidad
del mundo para conseguir, con su contribución, elevar
la consciencia conservacionista del mundo a través de
sus fotografías.
La
liga está formada por un centenar de prestigiosos fotógrafos,
entre los que se encuentran Art Wolfe, Kevin Shafer, Frans Lanting,
Klaus Nigge, Staffan Widstrand, Vincent Munier, Pete Oxford,
David Doubilet o Norbert Rosing. Pero además de los fotógrafos,
cuenta con multitud de alianzas y colaboradores que facilitan
y multiplican la efectividad de todas sus acciones.
La
liga no es una asociación; los fotógrafos que
la forman deben demostrar una profunda trayectoria reconocida
internacionalmente, y además, y tan importante como la
primera premisa, su trabajo fotográfico debe estar ligado
a la conservación del patrimonio natural. Los integrantes
deben ser propuestos previamente por algún miembro de
la liga, y votados en un comité que se reúne un
par de veces al año.
Acciones destacadas
Entre
las múltiples actuaciones que realiza la ILCP, llama
la atención una por su peculiaridad y originalidad. Son
las expediciones fotográficas conocidas como RAVE (Rapid
Assignment Visual Expedition - Expediciones Visuales Rápidas,
en castellano).
Una
vez localizada en cualquier parte del mundo una zona de alto
valor natural y a la cual no se le ha prestado suficiente atención
(peligro de desaparición de especies amenazadas, alta
tasa de endemismos, la necesidad de crear una nueva área
protegida o de disuadir actividades destructivas), la ILCP envía
un equipo multidisciplinario de fotógrafos especializados
(subacuatica, macrofotografía, botánica, etc.)
y en dos semanas realizan un portafolio fotográfico de
la máxima calidad posible. Posteriormente se distribuye
a los medios con el propósito de despertar la atención
de gobiernos y otras organizaciones, lo que consigue acelerar
los esfuerzos conservacionistas destinados a la zona en el futuro.

Fotografía de un lémur del bambú,
tomada en libertad en una selva de Madagascar. En este caso,
a los valores estéticos que podemos destacar o no, la
imagen tiene un alto valor periodístico, por tratarse
de una especie en peligro critico de extinción según
la IUCN.
Foto: Iñaki Relanzón.
En
los 4 años de vida de la ILCP se han llevado a cabo RAVE
en la Reserva de la Biosfera del Triunfo en Chiapas y en el
Estero de Balandra, en Baja California, ambas en Méjico;
en la isla de Bioko, en Guinea Ecuatorial, y en la Cordillera
de Wyoming, en los Estados Unidos. En este momento la ILCP está
concluyendo el quinto, y quizás el más ambicioso
RAVE, en la zona fronteriza de los Estados Unidos y Méjico.
Preceptos éticos
La
ILCP tiene especial cuidado en destacar la credibilidad de su
trabajo y el de sus fotógrafos. Por ese motivo tiene
su propio comité de ética, el cual ha redactado
un código ético que define a grandes rasgos el
comportamiento de sus fotógrafos en la naturaleza y su
interacción con la misma y propone un compromiso para
la fotografía de fauna en cautividad. También,
con artículos en medios especializados, difunde sus trabajos
y principios éticos.
En
un artículo titulado “Realidad honesta en fotografía
de conservación”, publicado en Naturescapes y Ocean
Geographic, Crisina Mittermeier y yo mismo, expusimos algunas
de esas consideraciones éticas.
“…
las espectaculares fotografías del patrimonio natural
pueden mover al público a entrar en acción. Sin
embargo, la línea entre fotógrafo, espectador
y sujeto debe basarse en la honestidad y el realismo.”

Imagen
aérea de la deforestación de la que ha sido objeto
el 90% de la superficie de Madagascar. La fotografía
como documento puede servir para ilustrar y concienciar, así
que su fuerza como instrumento de defensa, es innegable.
Foto:
Iñaki Relanzón.
“…las
imágenes que son específicamente utilizadas con
finalidades conservacionistas deben ser documentos que respondan
a situaciones reales en las que el fotógrafo es un observador
pasivo. Y precisamente cuando nuestras fotografías se
convierten en herramientas de conservación, la integridad
periodística y el rigor científico deben ir cogidos
de la mano. Si no tenemos en cuenta estos preceptos, existe
un peligro real de pérdida de confianza por parte del
público”.
“Muchos
de nosotros conocemos a fotógrafos que han edificado
su archivo fotográfico usando como sujetos a animales
cautivos, y presentando las imágenes más tarde
como verdaderos logros fotográficos de esquiva fauna
salvaje. Desgraciadamente, estos lamentables casos, van siempre
en detrimento del trabajo global y la credibilidad periodística
de la fotografía de naturaleza.”
“Las
informaciones que acompañan de un modo u otro a nuestras
fotografías (por ejemplo los metadatos o los pies de
foto) deben ser igualmente rigurosos, aclarando siempre si se
trata de un retrato de fauna en cautividad”.
“Al
final, la responsabilidad y la obligación de representar
tanto la belleza como las tribulaciones que sufren nuestro planeta
y los organismos que lo habita, queda en las manos de cada fotógrafo.”