Ahora
sólo queda hacer pruebas de flotabilidad y trabajar
en un medio hostil para nuestro equipo fotográfico.
ESTUDIANDO
LA ZONA, CUBRE, FONDOS, TEMPERATURA…
Antes de empezar con sesiones en zonas inundadas es conveniente
examinar previamente la zona donde trabajaremos, ya que
si bien en zonas no encontraremos ningún problema,
por desgracia gran parte de nuestros pantanos y ríos
pueden albergar en su fondo basura o residuos cortantes
y debemos de ser conscientes que en zonas que cubra poco
trabajaremos literalmente tumbados o de rodillas y podemos
llevarnos desagradables sorpresas, por eso realizaremos
un estudio previo de la zona. Es muy aconsejable hacerse
con unos escarpines rígidos y un traje de neopreno
para aislarse de la pérdida de calor y poder pisar
el fondo con garantías de seguridad.


MIEDOS INICIALES Y PUNTO DE VISTA
Superados los miedos iniciales de trabajar en un medio
que puede llegar a dañar el equipo, pronto nos
daremos cuenta de las posibilidades fotográficas
que tiene esta técnica, ya que permite un acercamiento
mucho mayor a gran número de especies. Ésto
es debido a la disminución de volumen y silueta
de nuestro hide, así la avifauna interpreta que
se trata de una masa vegetal en el agua, facilitando en
gran medida nuestra labor y trabajando a ras de agua.
Obtendremos un punto de vista excepcional, asegurando
unos fondos homogéneos, aunque en superficies muy
grandes de agua será imposible que con un punto
tan bajo el horizonte desenfocado se nos cuele en las
imágenes.


MOVILIDAD
O ESPERA. TÉCNICAS DE ACERCAMIENTO. CIMBELES.
Debemos de conocer y estudiar a las especies que pretendemos
fotografiar en el agua, ya que cada una tiene una tolerancia
diferente al hide, con ello debemos de aplicar una u otra
técnica de acercamiento. A priori, podemos llegar
a pensar que la movilidad que nos brinda el hide acuático
es la panacea y que podemos campar a nuestras anchas por
el agua en busca de las diferentes especies pero quizás
el modo más efectivo es el de intercalar la movilidad
del hide con las esperas en determinados lugares del agua,
por ejemplo, si nuestra intención es fotografiar
limícolas, nos apostaremos próximos a una
orilla con playa, muy propicia para ellos, en un lugar
de luz favorable y en lugares donde previamente hayamos
observado la actividad de las aves en el agua. También
puede llegar a ser efectivo el recechar poco a poco a
las especies pero con un índice menor de éxito,
ya que hay especies como los flamencos, espátulas,
garzas y anátidas que cuando mejores fotos obtuvimos
fue cuando ellas se acercaron al hide mientras fotografiábamos
otra especie y no cuando las recechábamos.


FABRICANDO
EL ACUÁTICO
Después de un estudio previo, decidimos utilizar
como material base tres planchas de porexpan que unidas
ente si con precinto hacen forma de U. Fortaleciendo esta
unión ente las planchas se colocó de manera
independiente una tabla central de madera donde se atornillará
la rótula y dos auxiliares a los lados que nos
darán la robustez necesaria para navegar y arrastrarnos
por el lodo sin que se rompa el hide por su utilización.
Para conseguir una bóveda para meternos en el interior,
utilizamos unos tubos de electricidad colocados desde
los externos como estructura de la bóveda y redes
miméticas como material de cubrición. Finalmente
utilizamos un soporte de Manfrotto atornillado sobre la
tabla de madera, aguantando éste el equipo sin
problemas.



CANSANCIO,
LODO Y MOSQUITOS

Trabajar con el hide acuático es un trabajo de
desgaste y más si nos sometemos a sesiones dobles
de unas cinco horas con altas temperaturas, durante un
periodo prolongado de una semana, en zonas parcialmente
inundadas, con el agua por encima de las rodillas…
se trabaja de manera más o menos cómoda
al estar inclinado, tocando con la punta de los escarpines
el fondo pero esta fatiga se acentúa mucho más
cuando trabajamos en aguas poco profundas donde trabajaremos
en un auténtico lodazal, con un gran trabajo para
poder desplazarnos nosotros, el hide y el equipo, llenos
de salpicaduras y en ocasiones de lodo por el chapoteo
al reptar. También influye la incómoda postura
para poder encararse a la cámara y puede llegar
a producirnos molestias en las lumbares y en el cuello,
por ello conviene contar con una preparación física
mínima, a la vez que una gran motivación
para no abandonar el trabajo a las primeras de cambio.
Como recordatorio, otro elemento negativo de estas zonas
es la afluencia de mosquitos que sin la debida protección
se convertirán en un suplicio para nosotros.

EQUIPO
UTILIZADO

Canon eos Mark III
Por su fiabilidad, robustez y su relativa tolerancia a
las condiciones duras, la convierten en el mejor cuerpo
para estas situaciones. La función de disparo silencioso
se ha convertido en una bendición a la hora de
trabajar con grandes aves como los flamencos y las espátulas.
Su doble compartimiento de tarjetas que nos ha permitido
afrontar cada sesión con 32 GB sin necesitad de
cambiar tarjeta en el agua.
Canon
40D
Una cámara de apoyo que, a pesar de su aparente
fragilidad, ha soportado bien el test. No es tan resistente
como la serie 1D pero no ha dado ningún problema
durante las sesiones, incluso con altas temperaturas y
con humedad alta.
Sigma 120-300 mm f.2.8
Versatilidad por bandera a la vez que una calidad asombrosa
con y sin multiplicador, permitiéndonos tomar escenas
cerradas y abiertas desde el mismo lugar.
Tarjeta
de 16 GB, CF y SD.
Proteger nuestras imágenes será vital y
más con el agua como enemigo, por ello, optamos
por tarjetas de gran capacidad para evitar un cambio de
éstas durante la sesión cuando estemos dentro
del agua, minimizando el riesgo de pérdida o daño
causado por el agua.
Soporte
Manfrotto
Enroscado con tornillo para madera a la plancha de madera,
se ha comportado de manera muy fiable sujetando las pesadas
lentes y cuerpo necesarios en estas sesiones.

