Fotografiar fauna en libertad es una de las especializaciones
más complicadas y la que nos deparará más
sorpresas; la clave para la obtención de buenas
imágenes de animales silvestres en libertad depende
de cuatro factores fundamentales: conocimiento de lo que
se fotografía, dominio de las técnicas fotográficas,
algo de suerte y mucha paciencia.

Los Esteros del Iberá son un destino soñado
para los amantes de la fotografía de fauna silvestre;
y si uno conoce las técnicas, los animales nos
permiten acercarnos lo suficiente
como para lograr retratos como el de este ciervo de los
pantanos.
Paso
a paso
Cuando salimos al campo
con intenciones de retratar fauna silvestre, es muy factible
que después de una larga jornada con el equipo
a cuestas, regresemos a casa sin una sola foto decente;
es entonces cuando comenzamos a pensar que “los
animales no colaboran”, ya que cuando por fin logramos
verlos, éstos siempre se encuentran más
allá del alcance de nuestros objetivos, y el porcentaje
en que se alejan de nosotros siempre será proporcional
a los metros que nosotros intentemos acercarnos a ellos.

Esta Bandurria me permitió acercarme
lo suficiente como para realizar ese retrato durante
las horas de la mañana cuando se encontraba alimentandose
frente al lago
Nahuel Huapi en Bariloche, Río Negro.
Antes que nada, deberemos
dominar a la perfección el uso de la cámara
fotográfica para, de esa manera, solo centrar nuestra
atención en primero encontrar a los animales y,
posteriormente, lograr acercarnos lo suficiente sin ser
vistos y sin que ellos se sientan molestados.
Una vez que dominemos el uso de la cámara, nos
centraremos en encontrar a los animales presentes en cada
lugar que visitemos para lo que será indispensable
contar con algunas guías de la zona, hablar con
los pobladores del lugar y, posteriormente, interiorizarnos
del comportamiento y costumbres de las especies a las
que se desea retratar.
No es necesario ser biólogo, ni contar con conocimientos
profundos sobre cada una de las especies, pero sí
tener unos mínimos conocimientos, los que sin duda
nos serán de mucha ayuda para saber dónde
encontrarlos y cómo actuar frente a ellos.
Unos largavistas serán bienvenidos para realizar
visualizaciones previas a cierta distancia, las que nos
permitirán ver qué hay más adelante,
además de permitirnos estudiar el comportamiento
y costumbre de algunas especies.
Llevar anotaciones de lo que vemos es de mucha ayuda,
de esa manera podremos tener control de las costumbres,
horarios de mayor actividad, alimentación, época
de cría, entre tantos otros temas que nos serán
de mucha ayuda para estar prevenidos, saber dónde
buscar y, sobre todo, saber cómo actuar cuando
los encontremos.
Las técnicas
En fotografía de
fauna existen dos técnicas puntuales: el rececho
y el acecho. Veamos de qué trata cada una de ellas:
RECECHO
es la técnica en la que el fotógrafo va
en busca del animal. Es la misma técnica que usan
los cazadores y por esa razón es que también
se la conoce como “caza fotográfica”,
con la diferencia –no menor- que el animal sigue
disfrutando de su vida después que el fotógrafo
ha logrado su objetivo y que, para lograrlo, necesitará
de muchas más aptitudes y conocimientos, ya que
no cuenta con miras telescópicas con las cuales
disparar la cámara desde 200 metros de distancia,
y que al hecho de tener que acercarse lo suficiente sin
ser visto, oído u olido, hay que sumarle el hecho
de que antes de disparar debe calcular la luz, buscar
un buen encuadre, enfocar, esperar que esté en
una buena posición, que la luz sea adecuada, que
le brille el ojo, etc. todo eso sin que el animal note
su presencia ni se sienta molestado.

Cómo actuar cuando los encontramos
Dependiendo
de la especie la actitud a tomar sufrirá algunas
modificaciones, pero en general y cuando se trata principalmente
de mamíferos grandes, lo mejor es tratar de colocarse
de manera que el viento nos sea favorable, de esa forma
no seremos “olfateados” a distancia, incluso
antes de que nosotros nos demos cuenta que el animal está
cerca.
©
Belén Etchegaray
Se recomienda acercarse cuando éste está
comiendo o en los momentos en que no nos mira y siempre
con movimientos lentos, haciendo el menor ruido posible
y agachado para que de esa manera, no se sienta amenazado.
En el mismo momento en que demuestre malestar, incomodidad
o nerviosismo, deberemos detener la marcha y esperar a
que se tranquilice y se acostumbre a nuestra presencia;
de no llegar a suceder, siempre es mejor retirarse y esperar
por una mejor oportunidad.
A poca distancia, lo mejor es moverse a ras del suelo
o en cuchillas, de esa forma lograremos que se quede tranquilo
y sin sentirse invadido o en peligro.

Gentileza
© Pancho R. Paz
La técnica de rececho, se puede practicar a pie,
o bien por medio de movilidad (lancha, coche, caballo,
etc.), el algunos casos correremos con la ventaja que
ciertos animales (sobre todo las aves) están acostumbrados
a los ruidos y movimientos de los coches, por lo que no
se verán afectados por nuestra presencia; eso sí,
es muy factible que cuando detengamos la marcha del auto
éstos se vuelen, para lo que tendremos que tener
mucha paciencia.
©
Belén Etchegaray

Gentileza
© Pancho R. Paz
La segunda técnica
se denomina ACECHO y es la que el fotógrafo
espera que los animales se acerquen a él; para
esto es fundamental e imprescindible tener mucha paciencia
y hacer un estudio previo de las costumbres de cada animal,
de lo contrario podrá pasar días enteros
a la espera, sin obtener un solo buen resultado.
Cómo pasar desapercibidos
El hide
Los hide o escondite, no es otra que una carpa de dimensiones
variables, de colores ocres, verdes y tierra en la que
el fotógrafo se mantiene a la espera durante largas
jornadas.
La primera ventaja de trabajar en un hide es que no se
perturba la vida del animal. La segunda es la posibilidad
de trabajar sentado con el objetivo montado en un trípode,
lo que permite obtener fotos de mayor calidad.
Por otro lado, los principales inconvenientes son el tiempo,
dado que no pueden armarse rápidamente, la espera
requiere de mucha paciencia y los encuadres en las fotografías
muchas veces serán similares al no poder cambiarse
de lugar.

Para tener buenos resultados, es recomendable colocar
los hides en lugares estratégicos y durante varios
días antes del día al que decidamos hacer
nuestra sesión de fotos, de esa manera los animales
del lugar se acostumbrará a su presencia y continuarán
actuando normalmente sin verse molestados.
En el mercado se pueden encontrar variados modelos de
hides, pero si su economía no le permite acceder
a uno de ellos, se los puede fabricar caseramente con
un poco de ingenio y creatividad.
Por otra parte, existen
diferentes tipos de escondites:
Naturales: construidos con las ramas
del lugar y atadas entre sí; éstos son complicados
de construir, dañan la vegetación y es casi
imposible que no que queden espacios donde el animal pueda
percibir los movimientos del fotógrafo. No son
recomendables.
Escondites o miradores fijos: algunos
parques y reservas cuentan con miradores fijos colocados
en lugares estratégicos desde donde se puede tener
una buena vista. Tienen a favor que los animales ya están
acostumbrados a ellos y que el fotógrafo no tiene
que estar trasladando los materiales para esconderse.
En contra tienen que generalmente están construidos
con intención de ser utilizados para solo avistamientos,
por lo que un 300 o 400 mm no nos será suficiente.
Parapetos: son telas camufladas donde
solo se tapa la cara frontal, principalmente útiles
a orilla de lagunas, en un bosque o frente a alguna cueva.
Son especialmente cómodos porque el fotógrafo
está al aire libre. La contra es que al estar al
aire libre, es muy factible de ser visto.
Redes de camuflaje: una simple capa de
tela camuflada logrará que nuestra figura no se
sienta como una amenaza.
©
Belén Etchegaray
El coche:
es muy útil para fotografiar animales cerca de
las rutas y caminos rurales, aunque a veces las aves se
espantan con facilidad cuando detenemos el coche.