Si
bien los objetivos angulares se usan normalmente para
fotografiar paisaje, el usarlos para fotografiar animales,
ya sea gran fauna o incluso invertebrados, proporciona
imágenes en las que aparece tanto el animal como
el entorno donde vive. Intentaremos pues fotografiar "animales
en su ambiente".

Suele
ser norma entre los que practican la fotografía de
Naturaleza el usar un tipo de objetivo determinado según
el motivo a fotografiar. Así, para fauna lo normal
será utilizar potentes teleobjetivos para disparar
desde una distancia prudencial; para flores e invertebrados
los llamados objetivos "macro" permiten un notable
acercamiento al sujeto y un generoso tamaño del mismo
en el fotograma; o para paisaje, con los objetivos angulares
podemos mostrar en una sola toma cuanto abarca nuestra vista.
Sin embargo, como toda norma, ésta también
está allí para ser transgredida y poder experimentar
con imágenes, por lo menos, sugestivamente diferentes.
En las siguientes líneas les proponemos fotografiar
animales con objetivos de distancia focal corta, los llamados
angulares, objetivos por debajo de los 35 mm de distancia
focal.
Antes de entrar en materia repasaremos sucintamente las
diferencias más notables en cuanto a la imagen que
resulta al usar los diferentes tipos de objetivos.
Dos aspectos básicos deben ser tenidos en cuenta:
por un lado la ampliación del sujeto en el fotograma,
evidentemente mayor a una mayor distancia focal (para una
misma distancia de la toma, se entiende) y por otro el ángulo
de visión, en este caso mayor a menor distancia focal.
Así pues, los teleobjetivos, y los objetivos macro
si se usan a distancias cortas, suelen darnos imágenes
donde el sujeto ocupa gran partde la imagen, con un fondo
a menudo inidentificable, mientras que en la mayoría
de fotografías tomadas con angulares se abarca mucho
espacio, fácil de identificar aunque esté
desenfocado, y es poco probable que aparezca un sujeto lo
bastante grande como para destacar del resto. Sin embargo,
si pudiéramos acercar lo suficiente un objetivo angular
al motivo que queremos fotografiar, este podría aparecer
en la foto tan grande como para convertirse en motivo principal
en base a su tamaño, al tiempo que el ángulo
que abarca la toma daría una visión del entorno
donde se encuentra.
Esta es la idea última de la fotografía de
animales con un angular. Por eso, a estas imágenes
las podemos denominar como de "animales en su ambiente"
ya que nos muestran tanto al animal como el hábitat
donde vive.
Martín pescador (Alcedo atthis) en su posadero.
Tras acostumbrarlo a acudir a comer el cebo que le poníamos
casi a diario, este martín pescador no puso demasiados
problemas para posar a escasa distancia de una cámara
situada cerca de su posadero.
Nikon F90X, objetivo 35-70 mm f/3.5:4.5 Fuji Velvia 50.
Flash de relleno. Cable disparador.
EL
EQUIPO
A
priori el equipo necesario resulta evidente: un objetivo
angular. Pero si tomamos nuestro 20 mm o 24 mm y pretendemos
hacer una foto de una simple rana, o incluso de un animal
más pequeño "en su ambiente", es
posible que incluso enfocando a la mínima distancia
de enfoque nos dejen a la rana demasiado pequeña.
Tras este pequeño traspiés echamos mano a
la mochila y sacamos el anillo de extensión más
corto que tenemos, el de 12 mm. ¿Qué pasa
ahora? Pues que para un objetivo de menos de 35 mm de distancia
focal, 12 mm son demasiados y nos resulta imposible enfocar.
Así pues, y para animales pequeños, debemos
recurrir a objetivos angulares que permitan enfocar a menos
de 25 cm. Y no todos los angulares permiten enfocar a distancias
tan cortas.
En cuanto a la cámara cualquiera de los modelos que
hay hoy en día en el mercado puede servir, aunque,
como veremos más adelante, en algunos casos especiales
será necesario disponer de una entrada para disparador
electrónico, y si dispone de un botón de compensación
de la exposición, mejor que mejor.

EMPEZANDO CON LOS MAS FACILES
Para
empezar lo mejor será escoger sujetos fáciles
de colocar a escasos centímetros de nuestro objetivo.
Para ello son ideales los insectos, anfibios y reptiles
e incluso algún mamífero como los erizos o
alguna ardilla más confiada de lo normal. Ni que
decir tiene, que si tenemos que manipular estas criaturas
debemos hacerlo lo más cuidadosamente que sepamos
para no lastimarlos. En el caso de los anfibios, por ejemplo,
es conveniente tomarlos con las manos mojadas para evitar
dañarles la piel. La mayoría de estas fotos
suelen hacerse a escasos centímetros del suelo, por
lo que el uso de un trípode es desaconsejable, a
menos que permita situar la cámara a ras de suelo.
Suele ser mejor solución usar un bean-bag o simplemente
una prenda de ropa donde apoyar la cámara. El invertir
la columna central del trípode y colocar la cámara
boca abajo es una curiosidad que está muy bien para
explicar en los libros, pero suele requerir altas dosis
de contorsionismo.
En cuanto a la elección de velocidades y diafragmas,
al usar objetivos poco pesados no tendremos problemas para
disparar a velocidades bajas -incluso por debajo de 1/10
s apoyados en un sweater- lo que nos permitirá usar
diafragmas cerrados de manera que el paisaje del fondo nos
quede, si no enfocado del todo, sí muy definido.
La opción contraria (diafragma muy abierto y poca
profundidad de campo) también puede ser válida
para destacar más el primer plano.

DISPARANDO A DISTANCIA
Los animales más esquivos, como la mayoría
de las aves, ya son otro cantar. A menudo la única
solución consiste en situar la cámara en un
punto donde deba posarse o por donde deba pasar el animal
en cuestión y dispararla a distancia.
Si nuestra cámara posee una entrada para disparador
electrónico, al menos la parte técnica está
en gran medida solucionada. En el terreno creativo, sin
embargo nos surgen dos nuevos problemas: el encuadre/enfoque
y la medida de la luz.
Para
el encuadre y el enfoque debemos saber a ciencia cierta
dónde estará el animal, y sobre todo tomar
varios puntos de referencia que desde lejos nos permitan
saber cuando hay que disparar la cámara. Eso que
a priori parece fácil, no lo es tanto y lo mejor
suele ser situarnos exactamente detrás de la cámara
formando una línea recta "nosotros-cámara-sujeto",
lo que también nos ayudará a escoger el momento
oportuno de disparar, ya que veremos al animal desde el
mismo ángulo que la cámara (aunque evidentemente
desde más lejos). Ni que decir tiene, que deberemos
desconectar el autofoco.

Para fotometría, y a menos que estemos segurísimos
que la luz no cambiará, no debemos usar por razones
obvias el modo manual. En estas situaciones es en las pocas
en que es casi obligatorio usar un modo de exposición
semiautomático, preferiblemente con prioridad a la
abertura para un mejor control de la profundidad de campo.
Debemos tener cuidado en encuadrar de tal manera que la
medida de la luz que efectúe la cámara sea
la correcta, por lo que en la medida que podamos evitaremos
encuadres que nos proporcionen lecturas erróneas
(un encuadre contra el cielo, por ejemplo). De otro modo
deberemos compensar la lectura del fotómetro con
el botón de compensación de la exposición
o en su defecto "engañando" a la cámara
con un ajuste manual de la sensibilidad de la película.
Al estar la cámara a escasa distancia del animal
es aconsejable insonorizarla de alguna manera si queremos
disparar más de una foto. Aquí entrará
en juego
la inventiva de cada cual. Un aparatoso vendaje de jerseys
y anoracs puede servir para salir del paso, pero lo mejor
será idear algo con tiempo. Las cajas de madera con
recubrimiento de cualquier tipo de espuma a las que podemos
dar apariencia de roca, tronco u otro elemento natural,
dan excelente resultado.

Sisón (Tetrax tetrax).
El éxito de esta toma fue la caja de madera dónde
se alojó la cámara, situada semanas antes
en un lugar querenciado por un macho de sisón,
como se puede ver en la foto.
Nikon F90X, objetivo 50 mm f/3.5:4.5. Fuji Velvia 50.
Disparador por radio.
DETALLES
FINALES
El uso de un pequeño flash para aclarar sombras es
sumamente interesante, o en su defecto una pantalla reflectora,
mucho más barata y fácil de usar.
Además, si estamos realizando disparos a distancia,
el flash resulta muy útil para dar un punto de brillo
en el ojo, ya que este aspecto no lo podemos controlar de
otro modo al no estar mirando por el visor.
Para no producir una iluminación extremadamente artificial
dispararemos el flash en TTL compensándolo al menos
en -1 punto respecto a la lectura de la cámara.
En el caso de fotografiar a animales desconfiados una buena
clave para el éxito consiste en acostumbrarlos a
la presencia de la cámara con algunos días
de antelación. Para ello usaremos simulacros de cámaras,
cajas y flashes al efecto, y si además podemos camuflarlos
con el entorno, pues mejor que mejor.
Por último decir que a pesar de lo tentador que pueda
ser usar este tipo de técnicas en nidos, debemos
ser conscientes del peligro que puede suponer.
En cualquier otra situación, si el ave no acude al
posadero, perderemos unas fotos, pero si los padres abandonan
el nido además perderemos toda la pollada. En algunos
casos incluso será necesario preparar las sesiones
fotográficas con meses de antelación situando
simulacros de cámaras en el nido antes que éste
sea ocupado.
©
Jordi Bas
Sobre
el autor
Ingeniero agrónomo de formación,
fotógrafo de Naturaleza por vocación y profesor
por necesidad.
Curioso
del mundo natural, fan de Alba (30/12/1998) y entusiasta
de los buenos anuncios y documentales de la tele. Devorador
de fotografías de Naturaleza en libros, revistas
e internet.
Vive
cerca de Lleida (España) a un tiro de piedra de
lugares tan interesantes como el Pirineo, el Delta del
Ebro o las estepas de la Depresión del Ebro. Los
secanos leridanos y en especial las aves que esconden
han sido con toda seguridad uno de los descubrimientos
naturalistas más valiosos que ha hecho en los últimos
años
Convencido
del poder de seducción de las imágenes y
del papel de las ONG's para la conservación de
nuestro maltrecho Patrimonio Natural, colabora regularmente
en proyectos de entidades conservacionistas locales y
estatales.
Web Personal
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