Parece que han quedado
en el pasado aquellos concursos fotográficos
que tenían como finalidad promover e incentivar
el maravilloso arte de la fotografía. Basta
con leer las bases y condiciones de cualquiera de
los muchísimos concursos que anualmente se
promocionan para encontrar condiciones que lejos están
de aquellas intenciones.
Actualmente, en las
bases se encuentran cláusulas como:
“Las
fotografías ganadoras pasarán
a ser propiedad de la organización y los autores
hacen expresa renuncia a los derechos sobre las mismas,
pudiendo la organización reproducir,
publicar y editar dichas muestras artísticas,
de cualquier manera sin obligación de compensación
al participante, haciendo mención o no del
autor a su sola discreción.”
”
Los autores, cuyas obras resulten premiadas
y/o mencionadas y/o seleccionadas ceden, sin límite
de tiempo, (…), en forma gratuita y exclusiva,
las fotografías (…) seleccionadas y los
derechos de uso, publicación y reproducción
de dichas fotografías, en cualquier
forma y por cualquier medio que el Organizador considere
conveniente.
Los participantes cuyas obras resulten premiadas y/o
mencionadas y/o seleccionadas autorizan también,
sin límite de tiempo, a difundir sus nombres,
imágenes y datos personales, en los medios
y formas que el Organizador considere conveniente,
sin derecho a retribución alguna”.
“Decidirá
por mayoría las fotografías que, dentro
de cada uno de los temas propuestos, resulten ganadoras,
pasando todas a integrar el banco de imágenes
permanentes de la organización.
”Los
participantes en el concurso, consienten expresamente
que las fotografías puedan ser utilizadas por
la organización y los auspiciantes a efectos
culturales, sociales o comerciales
mencionando el autor de la fotografía”.
“Los
jueces elegirán un total de 12 fotografías
y también habrá una “elección
popular” de tres fotografías por categoría.
(…). Las fotografías, tanto las
ganadoras como no ganadoras podrían también
ser utilizadas para otras publicaciones (…)
En tal caso, los nombres, correos electrónicos
y/o sitios web de los autores serán mencionados”.
”Los
organizadores tendrán la propiedad del/las
fotos ganadoras y su "copyright".
El autor del trabajo ganador renunciará a cualquier
limitación o reserva de derechos en su favor
o a cualquier otro derecho sobre el trabajo”.
Los textos antes mencionados son extractos de seis
concursos anunciados en Internet tomados al azar.
Leyendo
las bases, parece que las reglas del juego han cambiado
y hoy nos encontramos con una serie de factores que
no solo atentan contra los derechos patrimoniales
del autor sino que atentan contra la autoria misma.
Para participar de los concursos hoy deberíamos
aceptar entre otras cosas:
- Ceder los derechos de autor, que contradice lo expuesto
en la Ley 11.723 en su articulo 5to donde expresa
que la propiedad intelectual de una obra corresponde
a su autor. Este derecho es irrenunciable.
- Ceder los derechos de uso y los derechos patrimoniales,
aunque no sean ganadoras las fotografías.
- Ceder los derechos de uso para un fin diferente
al del concurso, su promoción y divulgación
- Ceder los derechos de uso por tiempo ilimitado y
en forma exclusiva
- Ceder los derechos patrimoniales
Surgen
entonces algunas preguntas.
¿Son realmente concursos de fotografía
o una forma encubierta de recopilación de material
fotográfico para ser usado libre de derechos
y obligaciones por parte de los organizadores?
¿Son conocedoras de las leyes estas organizaciones?
¿Son concientes que algunas bases están
infringiendo las leyes?
Es esperable
que un concurso solicite el derecho de uso, sin retribución
económica y sin exclusividad, de las fotografías
para promoción del mismo, para una futura exposición
resultante del concurso o actividades relacionadas
únicamente con dicho concurso. De esta manera,
se siguen respetando los derechos de autor expresados
en la ley y se determina la forma y tiempo de la cesión
de derecho de uso, aspectos básicos de cualquier
contrato entre partes cuando se trata de una obra
artística.
Nosotros
como fotógrafos debemos valorar nuestro trabajo,
reconocer el tiempo, dedicación, estudio, viajes
y equipo invertido en cada obra. Ese esfuerzo tiene
un valor. Y ese valor debe ser reconocido por cualquier
empresa u organización que se muestre interesado
en nuestras obras.
Tus
derechos existen, seas aficionado o profecional. Hacelos
valer!