Yacaré al atardecer


Por © Darío Podestá


Equipo:
Cámara Nikon N 90s, lente Tokina 300 mm f/2.8, monopié manfrotto, película diapositiva Kodak E100VS.

Esta foto, una de mis preferidas a pesar de los años, la saque allá por el 2000, no recuerdo exactamente el año. Cuando no existía (al menos para mí…) la tecnología digital. Por ello, y siendo “derrochón”, solo disparé unos pocos fotogramas (10 o 15). De estos solo un par salieron a mi gusto.

Entre los años 1998 y 2002 tuve la oportunidad de visitar varias veces la laguna de Iberá, en Corrientes. Mayormente paraba en el camping sobre la misma, donde está la vieja balsa semi-hundida. Desde allí observé muchas veces a un yacaré de buen porte que nadaba lentamente paralelo a la costa, a una distancia de entre 10 y 100 metros, dependiendo de los días. Generalmente lo hacía al atardecer.

Desde un principio se me vino a la mente una imagen similar a la que al fin conseguí, incluso mejor, porque uno nunca se conforma, al menos yo no lo hago…!
En fin, la idea estaba, el problema era lograr una serie de condiciones necesarias y todas al mismo tiempo…. Como el atardecer con esos colores, que no se da todos los días. La época de año en que el sol se pone justo en esa “ventana” abierta en el juncal, de otro modo los juncos siempre te tapan… Que no haya viento, la superficie del agua debía estar serena, para no tapar la escaza silueta emergente del sujeto y, además, causar esa sensación de continuidad con el cielo. Que el “bicho” no esté muy lejos, para que se vea y no sea solo una “mancha negra” en el agua. Ni muy cerca…, necesitaba ese efecto del tele para que el sol se vea “grande”. Además, en esa época, no tenía muchas opciones que digamos en cuanto a ópticas. Ni hablar de que el lapso en que el yacaré se encuentra pasando por la zona “interesante” es muy corto, no hay mucho tiempo de cambiar. Creo que un zoom 100-400 como el que tengo hoy me hubiese dado mejores posibilidades de encuadre.

Al final llego el gran día! Unos tres años después de que se me ocurriera la idea, y varias frustraciones mediante, de repente, ahí estaban las condiciones de escenario y el reptil con ganas de ser inmortalizado… Nos estábamos embarcando con un grupo de gente para cruzar la laguna y hacer un recorrido nocturno por los embalsados, cuando lo vi aparecer.

Rápidamente saque el equipo de la mochila, puse el 300, el monopié (había muy poca luz y en ese momento el estabilizador de imagen era ciencia ficción para
mi) y me dispuse a encuadrar.

Por la distancia a la que estaba el sujeto y el ángulo de toma desde la costa veía que la cosa no iba a funcionar… Con desesperación, porque “se me pasaba del sol”, me empecé a desvestir. Segundos mas tarde, y ante la mirada divertida del resto del grupo que me esperaba para salir en lancha, encaraba laguna adentro con la cámara sobre la cabeza y en calzoncillos…!

Camine unos 20 metros laguna adentro, hasta que el agua me llegó a la barbilla, y con la cámara a escasos centímetros del agua, apoyada sobre el monopié sumergido, comencé a disparar como un enajenado.
Bueno…, no tanto, me quedaban pocas fotos y cambiar el rollo con el agua al cuello no era tarea fácil…

Lo bueno fue que no hacía frio, las pirañas ya habían almorzado y los mosquitos no saben bucear, solo me desfiguraron las manos y la cara…! Lo malo fue esperar a volver para revelar el rollo y ver que había salido!! pero valió la pena la espera.

Para esta, como para la mayoría de las buenas tomas, hace falta un toque de buena fortuna. Pero también hay que estar preparado y tener “en mente la foto” antes de sacarla, esto ayuda mucho a la suerte.

Espero que disfruten la foto tanto como yo al sacarla…!!

© Darío Podestá
www.dariopodesta.com
dhpodesta@yahoo.com.ar

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